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En los últimos años he estado muy pendiente de lo que están viviendo las mujeres policías en nuestro país y, sinceramente, creo que es un tema del que todavía se habla poco para lo importante que es.

Ser mujer en un cuerpo policial como la Policía Nacional o la Guardia Civil sigue siendo, en muchos casos, abrirse paso en un entorno históricamente masculino. Aunque se han dado pasos importantes, la realidad es que la presencia femenina continúa siendo minoritaria, especialmente en unidades operativas y puestos de mando.

Muchas agentes han denunciado situaciones de acoso laboral y sexual dentro de sus propios cuerpos. No son casos aislados. Hemos visto sentencias y expedientes disciplinarios en los últimos años que han puesto sobre la mesa comentarios vejatorios, presiones, aislamiento profesional e incluso represalias cuando se atreven a denunciar. Lo más duro, en muchos testimonios, no es solo el hecho en sí, sino el miedo a hablar por temor a ser señaladas o a que su carrera se vea frenada.

También está el reto de la conciliación. Las mujeres policías, igual que tantas otras trabajadoras, siguen cargando en mayor medida con la responsabilidad familiar. Turnos cambiantes, noches, festivos, servicios imprevistos… todo eso complica enormemente la organización familiar. Y aunque existen permisos y reducciones de jornada, muchas cuentan que pedirlos puede suponer quedar fuera de determinadas unidades o perder oportunidades de promoción.

En los últimos tiempos hemos conocido además denuncias públicas de asociaciones de mujeres dentro de los cuerpos policiales que reclaman protocolos más eficaces contra el acoso, mayor transparencia en los ascensos y una revisión de criterios físicos en algunas pruebas que consideran desactualizados. Estas reivindicaciones no buscan privilegios, sino igualdad real.

No todo es negativo, por supuesto. Cada vez hay más mujeres liderando equipos, más referentes visibles y más jóvenes que ingresan con vocación y determinación. Pero todavía queda camino por recorrer para que una mujer policía no tenga que demostrar constantemente que es igual de válida que un compañero.

Creo que visibilizar estas realidades es fundamental. No para desacreditar a las instituciones, sino para fortalecerlas. Porque una policía más justa por dentro será, sin duda, más justa también con la sociedad a la que protege.

Cristina Fajardo

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